El clásico relato de los hermanos Grimm cobra nueva fuerza este año con la versión dirigida por Rupert Sanders para Universal.
Mucho más de lo que viéramos en la también recién estrenada Espejito, espejito (Tarsem Singh, 2012) Blancanieves y el Cazador se atreve a ir más allá y mostrar al cuento de hadas en toda su crudeza, pero sin perder la magia.
Una producción fina, que arraiga la historia más al folklore europeo que a la desgastada estética de Disney, con efectos visuales de primer nivel que no le roban cámara a la historia, sino que la refuerzan en justa medida.
En un papel principal que no le exige demasiado está la dulce, pero aguerrida Kristen Stewart, aprendiendo a pelear en medio del bosque gracias a los consejos de Chris Hemsworth, quien de nuevo muestra su habilidad para dotar de una especial sensibilidad a un personaje que, de no ser por esto, quedaría totalmente plano. Pero las verdaderas palmas van para Charlize Theron, quien, con un vestuario inspirado en la estética del Heavy Metal, encarna a una reina tan auténticamente malvada y tétrica, que en ocasiones logra recordarnos a la temible condesa sangrienta Elizabeth Bathory.
La fotografía y la dirección de arte son impecables, y si bien es cierto que la mitología de la historia no termina de definirse, tampoco hace falta. La película triunfa en su conjunto, con enanos que tienen nombres de viejos emperadores romanos y con un contraste muy bien llevado entre lo bello y lo tétrico. Quizá los más puristas del género reclamen detalles sobre el mundo fantástico que envuelve a la historia, pero para el público en generalBlancanieves y el Cazador representa un espectáculo facineroso pero auténticamente entretenido y deleitante.
Se agradece que la trama vaya más allá de una sosa historia de amor donde Blancanieves no desee otra cosa más que casarse con un príncipe y lavar platos el resto de su vida. Es una historia que abunda en la belleza y su relación con el poder, sobre la naturaleza humana para embellecer o envilecer aquello que nos rodea, sobre amar una causa y lo que esta representa más que a un estatus.
Original e interesante, Rupert Sanders logra refrescar un clásico más que desgastado y dotarlo de una nueva estética y una interesante profundidad que apenas nos deja ver. Sin duda, se convertirá en un título de culto, si es que los rumores sobre una posible trilogía no echan a perder este excelente trabajo inicial.
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